Portada de Enero - Febrero 2024 Edición # 71

Enero - Febrero 2024 Edición # 71

Editorial

Es hora de asumir la ineludible responsabilidad de ser sembradores de esperanza comprometiéndonos en la construcción de una nueva cultura política, en la que impongamos la búsqueda de un bien común y la dignificación de la vida de todos los seres humanos que merecemos realizarnos en la solidaridad, la libertad, la verdad y la justicia social.

Quien hace de la política una práctica liberadora, se compromete a servir y no a ser servido y asume que la verdad se construye, no se impone y al administrar y gestionar se compromete a dar cuenta de sus acciones con base en la evaluación responsable y objetiva y una rendición de cuentas oportuna y transparente; también debe promover la concertación interinstitucional, cuidando que los principios que orientan la convivencia social sean siempre acatados, procurando debatir y llegar a acuerdos para que impere siempre la justicia y la verdad.

Es un riesgo hacer de la práctica de partidos, una manera de acción política que, en vez de acercar y unir en torno a propósitos comunes, profundice y acreciente los odios, por la inadecuada interpretación de los principios.

El fundamento del verdadero sentido de lo público, no es la ostentación del poder, sino la práctica del servicio. Es necesario el compromiso real con la búsqueda del bien común, teniendo presente los valores humanos de tal forma que con el ejemplo convoquemos la comunidad a la construcción de una sociedad incluyente y participativa mediante la vinculación activa, de todas las personas con conocimientos y habilidades para liderar en lo social, lo político y lo empresarial.

Lo antes manifestado conlleva a concluir que el verdadero líder es aquel que se compromete a través del ejemplo a servir a sus semejantes no a que le sirvan; el que asume los riesgos de accionar el futuro, promoviendo la construcción de una familia, una sociedad, una empresa o un territorio, enfrentando con entereza la incomprensión y la impopularidad de sus decisiones, porque ellas tienen como norte la causa del bien común y no el satisfacer intereses personales.

Para concluir, podemos afirmar que los líderes tienen en común, el obrar con sentido de responsabilidad social, aceptando que sus prácticas, en la familia, en la comunidad, en las entidades oficiales, en las organizaciones sociales, son de carácter público, y con ellas, por acción u omisión, esta generando espacios para mejorar la calidad de vida o proporcionando su destrucción.

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