Aquí No Se Siembra Futuro

La orfandad política; dicho de otra manera, es la responsabilidad de la administración con la juventud. Responsabilidad que no se materializa, plantea programas desagregados, sin políticas específicas ni objetivos a corto, mediano y largo plazo claros

Aquí No Se Siembra Futuro

Hace ya un año, se dio lugar en nuestro municipio; sin pena ni gloria, las elecciones de los concejeros municipales de juventud (CMJ), motivado más por el deber institucional que por otra cosa.

Los subsistemas de participación juvenil están conformados por la plataforma municipal de juventudes (PMJ) y los concejos municipales de juventud (CMJ). Son básicamente espacios de participación juvenil establecidos desde la constitución para garantizar la participación e incidencia juvenil en las decisiones que toman los gobiernos frente a las políticas concernientes a la juventud como: educación, empleo, salud, democracia, etc.

[p align=justify]En nuestro municipio la participación este año en el CMJ arrastra una serie de elementos problematizadores que dificultan tanto para los jóvenes, como para las instituciones, el desempeño exitoso de estos espacios: como la baja participación, la dificultada para materializar los planes de acción, falta de herramientas jurídicas y políticas para incidir efectivamente en los planes y políticas de la administración. Por inofensivas que parezcan estas situaciones, tienen repercusiones negativas presentes y futuras para la construcción de democracia y desarrollo en nuestro pueblo. [/p]
[p align=justify]El debilitamiento de los espacios de participación juvenil como CMJ Y la PMJ, constituyen; entonces, una serie de incentivos negativos en la participación futura en los procesos democráticos.[/p]
[p align=justify]Llamo mi atención la nota publicada por el periódico “quien es quien” en su edición (resumen político 2025) la nota titulada: “quienes suenas”: en nuestro municipio para sorpresa de nadie, suenan los mismos, exalcaldes y concejales veteranos que siempre están en campaña. Lo problemático del asunto (siendo todavía muy temprano para elecciones) es precisamente la ausencia de propuestas juveniles, capaces de dar saltos de calidad en las políticas que se le presentan a la comunidad cada 4 años, que todos sabemos son propuestas rencauchadas, viejas y que no materializan avances significativos para el desarrollo del pueblo.[/p]
[p align=justify]La otra cara de la moneda, un ejemplo inspirador es la elección del alcalde de san Carlos (el alcalde más joven de Antioquia) en una entrevista cuenta su fugaz ascenso dentro de la política sancarlitana con 26 años al momento de su elección. Daza rememora su experiencia en la casa universitaria de su municipio (¿para cuándo san Luis tiene una?) y cuenta como en esta casa varios jóvenes preocupados por el futuro de sus municipios se sentaban largas horas en las noches a debatir sobre las problemáticas. Años más tarde se presenta a la contienda electoral con propuestas innovadoras y vanguardistas, un conocimiento profundo de las dificultades de las comunidades más apartadas y una preparación académica de alto nivel. Los resultados hablan por sí solos.[/p]
[p align=justify]La planificación del futuro de nuestro pueblo debe pasar sin duda alguna por las manos de la juventud.  Las políticas de juventud responden al papel histórico que juegan los jóvenes en sus territorios como motores de cambio. La juventud es una etapa transicional, pero su impacto en las realidades presentes y futuras son determinantes. Los gobiernos que “se la juegan por la juventud” conforman una conciencia desde las bases de lo que será el futuro (semilleros metafóricamente). Por el contrario, una sociedad que evade su responsabilidad con el desarrollo de esta población esta irremediablemente condenada al fracaso.  Por lo anterior conviene cuestionarnos sincera y colectivamente- “si aquí se está sembrando futuro”. [/p]

Las plagas que atacan el semillero suelen ser en la mayoría de veces imperceptibles. Cuando hacemos un análisis por lo menos responsable con la información institucional respecto a las políticas, planes y proyectos juveniles, encontramos una primera plaga a la que denomino “la orfandad política”. Los hallazgos encontrados en el plan de desarrollo (es el momento, compromiso por la vida, 2024-27); permiten señalar que en el documento existe “un diagnóstico detallado de las problemáticas de la juventud, pero evade estrategias para solucionarlas”. Es decir, existe una inconsistencia profunda con un programa que describe (por ende: conoce) las realidades de la juventud, pero las metas que se procura realizar son insignificantes, no existen indicadores de seguimiento, ni se hacen esfuerzos económicos representativos con los rubros de la juventud.

 Sin embargo, vale la pena matizar la vehemencia del argumento. En esta, como todas las administraciones se hacen cosas, con las limitaciones presupuestales que implica ser un pueblo de sexta categoría: se ven ferias universitarias, semana de la juventud, asambleas, deportes, danzas etc. Aquí el asunto a señalar es:  estas acciones son necesarias, pero no suficientes.

[p align=justify]La orfandad política; dicho de otra manera, es la responsabilidad de la administración con la juventud. Responsabilidad que no se materializa, plantea programas desagregados, sin políticas específicas ni objetivos a corto, mediano y largo plazo claros. Vale la pena señalar en búsqueda de explicaciones, el peso electoral de la juventud en las elecciones, si estas al ser insignificantes electoralmente terminan castigadas de esa misma manera en el peso presupuestal y planificación de los mandatarios de turno. La juventud cae en un espiral nocivo de incentivos negativos que disminuyen la participación democrática y aumenta la descreencia en la política y las instituciones.[/p]

Para sembrar futuro, san Luis debe creer en su juventud. No solo basta con mejoras institucionales, la vocación debe ser unánime de la sociedad por propender espacios académicos, culturales y sociales: foros de discusión, tertulias literarias, debates, olimpiadas etc. Una juventud comprometida con la transformación del territorio, capaz de hacerle frente a los desafíos de este siglo: la inteligencia artificial, la protección de nuestros ríos y bosques, la soberanía alimentaria, el desarrollo económico, la crisis climática y la paz. Etc. Con jóvenes capaces, conscientes y críticos   de las realidades que nos afectan, con la capacidad de proponer desde distintas disciplinas soluciones disruptivas que impulsen la construcción de un mejor lugar para todos. Podríamos pensar, por pequeño que sea, sembrar una semillita de futuro.

Santiago Torres
Artículo escrito por:
Integrante Plataforma de Juventudes
• Sección: Social