Los Mercados Campesinos en San Luis: Entre la memoria y la reinvención

aquellos tiempos anteriores a los noventa eran espontáneos, tumultuosos y vibrantes. Surge entonces una pregunta para quienes nacimos de la década de los setenta hacia atrás y tuvimos la fortuna de vivir esa época

Los Mercados Campesinos en San Luis: Entre la memoria y la reinvención

Los Mercados Campesinos son un evento mensual promovido por la alcaldía para facilitar a los agricultores la exhibición y venta de sus cosechas. Bajo la sombra del emblemático árbol de mango en la plaza principal, se instalan mesas para ofertar lo que da la tierra. La iniciativa suena muy bonita porque intenta rememorar los tradicionales mercados de fin de semana de antaño, donde las familias del campo abastecían a todo el pueblo.

Hacia mediados de los años ochenta, según datos del DANE, San Luis albergaba cerca de 13.600 habitantes, de los cuales la inmensa mayoría —más del 70%— habitaba en el sector rural. Solo en lo poblacional, era otra historia: la plaza se llenaba con la llegada de familias campesinas que venían a transar sus cosechas y a abastecerse de otros bienes. Se expendían y consumían frutos frescos, sin más empaque que el costal de fibra o la hoja de plátano para envolver la carne. El mercado era un encuentro memorable cara a cara entre el productor y el consumidor.

La memoria nos recuerda además algo trascendental que en su momento ocurría de forma natural: la preservación de nuestros valores culturales y ambientales. Por un lado, en el diálogo directo, el comprador orientaba los criterios de selección: el sabor, el color, la sanidad y la durabilidad determinaban cuáles semillas se seguían sembrando. Ese tránsito de semillas y frutos entre veredas garantizaba un intercambio genético constante que la ciencia valora hoy como una selección biocultural: la naturaleza y la cultura campesina moldeando juntas los alimentos de nuestra tierra

En fin, aquellos tiempos anteriores a los noventa eran espontáneos, tumultuosos y vibrantes. Surge entonces una pregunta para quienes nacimos de la década de los setenta hacia atrás y tuvimos la fortuna de vivir esa época: ¿por qué hoy, aun con el respaldo institucional de la alcaldía, no se logra avivar ese ambiente festivo ni consolidar esta cita en la mente de los sanluisanos?

La realidad es palpable: estos eventos mensuales no son ni la sombra de lo que fueron. De hecho, conserva más la esencia del mercado tradicional el punto informal ubicado en la plaza, contiguo a la salida de los buses intermunicipales y al kiosco de Cachetes. Allí se sitúa semanalmente un grupo de campesinos que, con organización e iniciativa propia, ofrece una variedad interesante de lo que cosechan en sus fincas.

Explicar este fenómeno exige entender cómo cambiaron la producción y el consumo en la modernidad. Mientras antes el mercado del fin de semana tenía la exclusividad, hoy la oferta se diversificó: desde grandes superficies como el D1 hasta las tiendas de barrio ofrecen productos agrícolas a diario con precios estandarizados, empaques y transporte a domicilio. El mercado principal migró hacia un comercio que responde a la agroindustria de gran escala, facilitado por potentes cadenas de suministro.

Reconocer esto no significa subvalorar la herencia de nuestros mercados ni restar mérito al esfuerzo del campo. Implica aceptar que para defender esa tradición debemos ser conscientes del cambio y adaptar nuestras estrategias. Pretender recuperar la historia limitándose a armar mesas de exhibición una vez al mes no dará resultado, y el evento terminará sostenido únicamente por inercia político-institucional.

Una primera línea estratégica para reinventar este espacio en la lógica del mercado de bienes privados (donde cada quien busca la venta del día) exige ofrecer algo más que el producto fresco de la esquina: implica apostarle al valor agregado, a la muestra gastronómica local, a las preparaciones tradicionales y a la venta directa bajo pedido.

Pero la memoria nos señala una segunda línea de reinvención que responde a la lógica de los bienes públicos. Bajo el árbol de mango no solo se negocian kilos y pesos; se custodia un patrimonio genético, una gastronomía y una memoria agrícola invaluables. De cómo adaptar estas valiosas dinámicas que benefician a todo San Luis, hablaremos en la próxima edición.

Evelio Giraldo
Artículo escrito por:
Ingeniero Forestal
• Sección: Economia

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