Mayo-Junio 2021
Editorial
Los campesinos son esas personas que luchan cada día por mantener a sus familias, por producir los alimentos que más consumen; y que venden en el pueblo.
Ser campesino es levantarse temprano, mucho antes de que salga el sol, y salir de su trabajo con el último rayo de luz Trabajar es cuestión de esfuerzo, y mucho más si se es campesino, al que madruga Dios le ayuda; si a las 5:30 am no se ha levantado lo cogió el día. Trabaja duro para conseguir el sustento, se enfrenta a rechazos, precios bajos de sus productos, que las vacas los caballos, los marranos, que las gallinas pusieron y, hay que recoger los huevos; cantidad de actividades y no les alcanza el día; el trabajo de un campesino nunca termina”
Es muy duro el trabajo en el campo; producir para que, a la hora de comercializar, tener que entregar sus productos al precio que los intermediarios digan quienes siendo estos los que más se lucran de su trabajo vendiendo hasta por el triple lo que les compran. Además, cuando llevan sus productos directamente a los consumidores, éstos piden rebaja o ñapa; lo que no hacen con los tenderos y los supermercados, a quienes les pagan lo que se les cobre sin reprochar.
Necesitamos que se les reconozca y se les valore su trabajo porque su actividad, no sólo es de beneficio para el campo sino también para la ciudad. Son hombres y mujeres que trabajan la tierra y saben que deben madrugar a lucharla. Hombres y mujeres del campo que han vivido con rigor la confrontación armada, el desplazamiento forzado y los asesinatos selectivos, lo que ha hecho que miles de personas en el país hayan tenido que abandonar sus tierras para vivir en condiciones de miseria en las ciudades de Colombia y hasta en otros países. Su lucha más reciente ha sido, el regreso a sus tierras para reiniciar actividades con nuevos modelos de desarrollo.
En Colombia las campesinas y los campesinos, luchan por sobrevivir ante los grandes capitalistas que se apoderan de sus tierras. Todos los días levantan sus voces de protesta exigiendo que se respeten sus derechos, su tierra, la soberanía alimentaria, las prácticas ancestrales, la memoria histórica y el tejido social, en sí que sean respetados en lo que son y representan para el país.
Una lucha que se da por la tierra, donde unas manos han sabido escarbar y entrar en sus entrañas para regarlas con su sudor y hacerla germinar y producir, con la ayuda del azadón y el machete y padeciendo el ataque de un sistema de economía que no reconoce ni valora su esfuerzo.