El amor de María frente al virus del odio

El odio no nace de forma aislada; funciona como una “economía afectiva” que circula, se contagia y “se pega” a ciertos rostros y grupos

El amor de María frente al virus del odio

La fe católica reconoce en la Virgen María un faro de virtudes universales: la prudencia, el silencio meditativo, la empatía y un amor incondicional que no pone condiciones. Sin embargo, la reciente polarización política ha revelado una dolorosa paradoja: en nombre de esa misma fe, se han levantado muros de exclusión que contradicen la esencia del Evangelio. Hemos visto, con tristeza, cómo se enseña a los niños a rechazar al prójimo y cómo se sugiere que la postura ideológica puede hacer a alguien indigno de entrar a la Santa Misa.

El odio como contagio social y “economía afectiva”

El odio no nace de forma aislada; funciona como una “economía afectiva” que circula, se contagia y “se pega” a ciertos rostros y grupos. Este sentimiento no se preocupa por la verdad, sino por acumular fuerza mientras rueda, creando fronteras ficticias entre un “nosotros los buenos” y “ellos los malos”. Cuando este mecanismo entra en los hogares y templos, el rechazo se normaliza y se hereda a los hijos, deformando el sentido de comunidad. Para el odio, el otro se transforma en un enemigo al que se analiza con la crueldad de quien despieza un objeto para destruirlo.

Consecuencias en la integridad del ser humano

  • Inhibición de la capacidad crítica: desde el psicoanálisis, se observa que cuando el odio se apodera del individuo, se produce una parálisis intelectual. Al vernos obligados a rechazar al “otro”, perdemos la capacidad de realizar un análisis exhaustivo y honesto de la realidad, quedando atrapados en una “igualdad imaginaria” o mentalidad de rebaño que detiene nuestro crecimiento personal.
  • Deterioro de la salud física: el odio y la ira persistente son factores de riesgo reales para la salud. La ciencia confirma que estos estados emocionales mantienen niveles de activación fisiológica intensos que, al volverse crónicos, deterioran el sistema cardiovascular, provocando hipertensión y arritmias. Además, el sufrimiento de estados negativos persistentes, provoca inmunodepresión, volviendo al organismo más vulnerable a enfermedades infecciosas y procesos tumorales.

Desmotivación espiritual de los jóvenes

Muchos jóvenes se alejan de la iglesia no porque huyan de Dios, sino porque se topan con discursos de deshumanización que son incompatibles con el mensaje de Jesús. Al ver esta contradicción humana, pierden la motivación y el refugio que deberían encontrar en la fe. Si la devoción a María se usa para validar el desprecio, se está siguiendo una caricatura de su figura. El verdadero homenaje a la Virgen radica en imitar su capacidad de frenar la circulación del odio y sanar el corazón colectivo.

Gloria Bohorquez
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Sección: Social