FANATISMOS MOROSOS: El costo de "pensar" en manada

Hay un pequeño grupo de personas que sí pagan a tiempo y no tienen problemas de dinero. ¿Cuál es la diferencia con los demás? Según mi empírica percepción, es debido a que no dependen de políticos, fanatismos, ni ideologías masivas para definir su rumbo.

FANATISMOS MOROSOS: El costo de "pensar" en manada

He notado una curiosa correlación entre las ideologías políticas de mis conocidos deudores en mora, ya sean petristas o uribistas, y el fanatismo con el que defienden sus posturas. Lo más curioso es que, sin importar su bando, me deben cantidades similares y son todos malos pagadores. No hay distinción en su capacidad (o falta de ésta) para cumplir sus compromisos financieros.

Por un lado, están los petristas, que nunca pagan porque, según ellos, nunca tienen dinero. Se quejan constantemente de la falta de oportunidades laborales y deste sistema diseñado para oprimirlos, impidiéndoles progresar. Sin embargo, son los primeros en apoyar ciegamente toda decisión de su líder y sin importarles si dichas decisiones afectan directamente a sus bolsillos. No cuestionan nada y cierran su mente a todo argumento de la derecha, no analizan sus acciones y, paradójicamente, a pesar de que dicen luchar contra las élites, terminan rindiéndole culto a una nueva figura del poder. Su discurso es un conflicto constante entre el deseo de mejorar y la justificación de su estancamiento.

Por otro lado, están los uribistas, que tampoco pagan, pero por una razón diferente. Dicen trabajar incansablemente, que no tienen tiempo para nada porque están ocupados en mil negocios y proyectos. Sin embargo, nunca tienen dinero. Viven llenos de ideas de emprendimiento, pero ninguna termina pelechando. Son los eternos empresarios en potencia, la gente de bien, los que en vez de marchar producen, fieles creyentes, de que la clave del éxito es simplemente "trabajar, trabajar y trabajar", tal como repite su mesiánico líder, a quien veneran como el escudo de su equipo de fútbol favorito. Pero al final del día, lo único que logran es agotarse sin gozar resultados. Ignoran que la máquina de moler sesos no los liberará jamás, porque el trabajo pendiente no se acabará nunca, porque esta rueda inclemente no para de girar y girar. Su discurso es inocuo y sus esfuerzos no representan estabilidad económica ni éxito financiero alguno.

En contraste, hay un pequeño grupo de personas que sí pagan a tiempo y no tienen problemas de dinero. ¿Cuál es la diferencia con los demás? Según mi empírica percepción, es debido a que no dependen de políticos, fanatismos, ni ideologías masivas para definir su rumbo. Son personas que piensan por sí mismas, que han aprendido a moverse en la vida basados en su experiencia, en su propio espíritu; y no en discursos prefabricados por instrumentos de control mediáticos o golfistas encorbatados adictos al poder. No ponen las manos en el fuego por ningún líder, ni aguardan quejándose en el rincón hasta que alguien los salve. Su éxito o fracaso depende de ellos mismos, y eso se refleja en la manera en que manejan sus responsabilidades.

Las conclusiones a las que llego son dos: En primer lugar, descubrí que es mejor negocio que no me paguen nunca, así nunca se atreverán a pedir prestado nuevamente. En segundo lugar, noto que las ideologías, o los famosos "ismos", como les decía Don Fito, terminan por consumir a quienes las siguen ciegamente. Crean la ilusión de identidad y pertenencia; pero lo que hacen realmente es desdibujar la individualidad, despersonalizarlos. Estos sujetos creen estar "del lado correcto" formando parte de algo más grande, aunque solo están perdiéndose a sí mismos entre una masa acéfala, casi viscosa, casi hedionda. Al final, no hay diferencias reales entre los fanáticos de un lado y los del otro: todos terminan atrapados en una narrativa que les impide avanzar por su propia cuenta. Quizás la verdadera libertad no está en elegir un bando, sino en elegir elegir. Al final, quienes se atreven a asumir con criterio propio sus asuntos, son quienes llevan las riendas y deciden el camino.

Duvan Diaz
Artículo escrito por:
Sección: Economia