Jubileo de la Esperanza 2025
La Iglesia Católica celebra el gran jubileo de la esperanza en este año 2025, suceso que solo se repite cada 25 años, cuya tradición se remonta al año 1300
Júbilo, palabra que denota alegría, jolgorio y fiesta. La Iglesia Católica celebra el gran jubileo de la esperanza en este año 2025, suceso que solo se repite cada 25 años, cuya tradición se remonta al año 1300, donde se celebró el primer jubileo por orden del Papa Bonifacio VIII y motivación de san Francisco de Asís, el santo que motiva el papado del Sumo Pontífice actual de la Iglesia fundada por Cristo, la Santa Iglesia Católica.
Una persona no creyente considerará que es algo intrascendente para el mundo, un protestante dirá que es otro invento más de la Iglesia; por su parte, un católico bien formado y conocedor de su fe, vivirá este 2025 como el año más especial de su corta vida, donde podrá ponerse a “paz y salvo” con el Dios que “todo lo ve”.
Vamos respondiendo uno a uno: el no creyente, caracterizado por su indiferencia ante lo religioso, pero bien disfrazado de un halo de espiritualidad cósmica -con manifestaciones tales como conectarse con el universo, abrazar un árbol, caminar descalzo o su vacía filantropía-, siente que no le debe nada a nadie, que la única deuda que puede llegar a tener es ante la sociedad regida por un código civil. Pues bien, desde el punto de vista teológico, son dos los atributos principales que destacan en el Ser de Dios, su omnipotencia y su bondad, es decir, Dios todo lo puede hacer y todo lo que hace es bueno, porque en Él no hay un solo ápice de maldad; el año jubilar pone de relieve estos atributos mostrando que Dios es tan real, tan poderoso y tan bueno que la mayor manifestación de su gloria es el perdón. Sí, el verdadero poder y la máxima bondad se encuentran en el perdón, la más refinada administración de la justicia. Aquí irrumpe la fe jubilar en el pensamiento del incrédulo, la sed natural de justicia se encuentra en lo más profundo de todos los seres humanos. Por lo tanto, sí estamos en deuda -pues todos fallamos siempre- y el perdón es necesario pedirlo, pero todavía mas necesario es reparar los daños una vez se ha recibido el perdón. No basta con cumplir la ley civil, tampoco es suficiente con reconocer los errores, se hace apremiante subsanar los daños. La Iglesia invita en el año jubilar a contemplar a Dios como el juez omnipotente y bueno, que siempre perdona y no lleva cuentas de la maldad, sino de la bondad de sus hijos. Ante el amor los pecados, el odio y la ira prescriben. Dios no guarda rencor perpetuo, su cólera dura solo un instante, su bondad de por vida (Cfr. Sal 102). Así que no más indiferencia, este es el Dios verdadero, el que siempre perdona, el que absuelve: el que es tan poderoso que incluso es capaz de perdonar hasta la máxima ofensa.
Seguimos con el protestante, y qué mejor para hacerlo con la misma Sagrada Escritura. La Iglesia se inspira en el capítulo 25 del libro del Levítico para establecer la doctrina jubilar. En concreto habla que cada cincuenta años se celebrará un jubileo donde todo será liberado: la tierra, la propiedad, el esclavo, el pecador. Ninguna deuda es para siempre, Dios es el dueño de todo, nosotros solo somos administradores de sus bienes, especialmente de su misericordia (Cfr. Juan 20, 22). De esta manera, la Escritura avala el deseo de Dios que cada cierto tiempo haya un año de especial indulgencia, de perdón, donde cada uno contemple claramente la acción misericordiosa de Dios.
Ahora sí, para el cristiano católico, el jubileo es el año de especial gracia que Dios concede a todo aquel que desee reparar por las consecuencias de sus pecados, esto es lo que recibe el nombre de indulgencia. La indulgencia no perdona los pecados, esto solo es posible por la misericordia de Dios en el sacramento de la confesión ante el sacerdote. La indulgencia es el especial regalo que la Iglesia aplica en favor del pecador, donde se le perdonan las consecuencias del pecado, siempre y cuando cumpla con los siguientes requisitos. A saber son cuatro: vivir el sacramento de la confesión, recibir en estado de gracia la Divina Eucaristía, orar por el Romano Pontífice y visitar una de las Iglesias Jubilares que en nuestra diócesis son las siguientes: Las catedrales de Sonsón y Rionegro, las basílicas de La Ceja y El Santuario, El Marial en El Peñol y La Asunción en Marinilla.
Esto es el jubileo, el año de la alegría y la misericordia. Dios perdona, pero solo quiere hacerlo a través de su Iglesia.