Cuaresma, tiempo para encontrar a Dios

Ahora bien, cuánta razón tenía el santo al expresar su búsqueda insaciable de felicidad, de paz, de amor y autorrealización, en sus propias palabras

Cuaresma, tiempo para encontrar a Dios

San Agustín de Hipona, en su célebre obra las confesiones, exclamó bellamente: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú creaste” , estas palabras demuestran el arduo camino que un hombre, sediento de verdad y buscador de sabiduría, tuvo que hacer para llegar a encontrar a su hacedor, quien no es solo fuente de la verdad, sino que es la Verdad en sí mismo.

Ahora bien, cuánta razón tenía el santo al expresar su búsqueda insaciable de felicidad, de paz, de amor y autorrealización, en sus propias palabras, de esa hermosura antigua pero siempre nueva que deslumbra a aquel que la encuentra, pues, debemos admitir que todos, de una o de otra manera, buscamos siempre alcanzar algo, un ideal, llegar, así no seamos muy conscientes de ello, a una meta planteada. Todos en algún momento, nos hemos visto impulsados a luchar por algo, a seguir decididamente el camino que nos lleva a cumplir nuestros sueños, cuantos esfuerzos y desvelos nos cuestan a veces nuestros proyectos, cuantos días de fatiga y sinsabores son necesarios para llegar a construir lo que tanto anhelamos.

Pero por desgracia, al igual que al pobre Agustín (quien antes de alcanzar la verdad, vagó por varias corrientes filosóficas), muchas veces buscando la paz y la serenidad, nos hemos dejado extraviar por caminos desconocidos y escabrosos; cuántas veces tratando de librarnos de las zarzas punzantes del pecado, nos hemos visto aún más enredados en la poquedad de nuestra pobre y pecadora condición humana; caemos una y otra vez y al igual que el hijo pródigo(Lc 15, 11-32) derrochamos la herencia y nos revolcamos en el fango del pecado y nos conformamos no solo con las algarrobas que comen los cerdos, sino con la poquedad de una vida sin sentido, sin amor y sin presencia de Dios.

Y es justamente allí, en los momentos donde tocamos fondo, que necesitamos de alguien que nos oriente, que nos tome de la mano y nos levante, alguien que nos haga caer en cuenta de lo equivocado que está el camino que llevamos y nos ayude a cambiar de ruta, a vivir de mejor manera, necesitamos, parafraseando al mismo san Agustín, de alguien que clame y llame a lo profundo de nuestro corazón y que rompiendo la sordera de nuestras vidas, brille resplandeciente mostrándonos el camino que debemos seguir .

Es por ello, que la Iglesia, como madre y maestra, ha puesto un tiempo privilegiado para darnos cuenta de nuestra fragilidad y para sanar nuestras heridas, para reconocernos pecadores e implorar la misericordia copiosa de Dios. para ello, hemos dado inicio desde el pasado 14 de febrero al tiempo litúrgico de la Cuaresma, una ocasión propicia para dejarnos encontrar por el Señor, para abrirle nuestro corazón para que lo sane, para mostrarle nuestras vidas laceradas por el pecado y dejar que las cure, es decir, la Cuaresma es abrir nuestra existencia a aquel que “en su vida terrena, pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal. Y que también hoy, como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza” .

Así pues, la Cuaresma se configura como una ocasión privilegiada para dejarnos reconciliar con Dios , para que el buen Dios ilumine la oscuridad de nuestra vida y nos indique el camino que hemos de seguir; por ende, la Cuaresma más allá de ser simplemente una época del año en que realizamos practicas piadosas como el ayuno y la vigilia, o el hecho de acudir (muchas veces sin saber su verdadero significado), al templo un miércoles del año a imponernos la ceniza; ¡no!, la cuaresma es emprender un camino de cambio de vida, de verdadera conversión, para así, “llegar con el alma purificada a las solemnidades de la Pascua” .

1 San Agustín, confesiones, Libro II,6

2 Ídem.

3 Prefacio común VIII

4 2 Co 5,20

5 Prefacio de cuaresma I

Santiago Montoya
Artículo escrito por:
Seminarista
Sección: Comunitario

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