¡VIVAMOS LA NAVIDAD!
Vivir la navidad en cada corazón, en cada familia, en comunidad, es dejar que la acción del Espíritu Santo ilumine las mentes y corazones
“Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne, a fin de que la justicia de la ley se cumpliera en nosotros que seguimos un a conducta, no según la carne, sino según el espíritu”. Rm 8,3-4.
Vivir la navidad en cada corazón, en cada familia, en comunidad, es dejar que la acción del Espíritu Santo ilumine las mentes y disponga los corazones para hacer posible el Plan de Salvación de Dios Creador, dispuesto para toda la humanidad desde los comienzos de la historia de la humanidad.
Reconocer la Encarnación y el Nacimiento del Hijo de Dios es experimentar la presencia del mismo Dios y Padre que se abaja a este mundo mísero, para colocar su morada en medio de la humanidad doliente; es ver con claridad lo que el profeta Isaías afirma y el Evangelio de Mateo lo confirma: “le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ´Dios con nosotros´”. Mt 1,23.
Cuando el hombre se deja tentar por la soberbia, queriendo hacerse igual a Dios, incluso más que el mismo Creador, cae en desobediencia y por esta desobediencia es expulsado del Paraíso, es decir, pierde la paz, la armonía, la belleza, la alegría. Porque el corazón humano se llenó de envidia, de avaricia, de rencor; volvió su mirada hacia sí mismo y a las criaturas olvidándose del Creador.
Dios Padre, en su amor, en su bondad, ternura y misericordia no abandona a la humanidad sumergida en el caos del pecado y de la muerte, sino que hace la Gran promesa de la Salvación, escogiendo a una Mujer cuyo linaje domina y destruye el pecado, la muerte: “Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar.” Gn 3,15. Luego el Profeta Isaías nos recuerda esta promesa con más claridad: “He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.” Is 7,14. Promesas que se realizan en Jesucristo, el Hijo de Dios, quien se encarna en el Vientre de María, Mujer predilecta del Padre, y como la llama el mismo evangelista la “LLENA DE GRACIA” Lc 1,28.
Navidad, tiempo de Gracia y Salvación, para buscar un cambio de vida contemplando al Dios humanado, que ilumina este mundo lleno de tinieblas dando plenitud a las promesas hechas a nuestros padres: “al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva.” Ga 4,4. Es momento de salir de la oscuridad y de las esclavitudes del mundo, para volver la mirada al Creador y contemplarle en el recién nacido, en Belén de Judá, la gran misericordia e inmenso amor que Dios tiene por la humanidad. Dice el apóstol Pablo: “Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres, que nos enseña a que, renunciando a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad en el siglo presente.” Tt 2,11.
Así que es un tiempo de alegría, pero también de conversión; alegría de volver a una Vida Nueva en el encuentro amoroso entre Dios y el hombre y el hombre con Dios. Dice Karl Rahner: “Navidad es el beso de Dios al hombre”. Por esto, ¿por qué no estar alegres? Es la alegría del corazón que se desborda y se ve en los rostros de las personas y cuanto más sincero sea este encuentro con el Niño de Belén, mucho más plena es esta alegría. Y esto debe lleva a la conversión, a buscar el cambió de vida a lo largo de la vida en este mundo. Dejar de odiar, buscar la reconciliación y no vivir la maledicencia del corazón. Saber ser hermanos en Cristo Jesús.
El tiempo de Navidad en el calendario litúrgico va desde la víspera del 25 de diciembre hasta la fiesta del Bautismo del Señor.
Que el Niño Jesús, Niño de Belén, derrame abundantes gracias y bendiciones en el pueblo Sanluisano. Que en cada hogar se respire un ambiente de alegría y de jolgorio, sin odios, ni rencores, sino en la comprensión y la libertad de sabernos amar y perdonar. Para que junto a los pastores de Belén escuchemos y entonemos a la vez el cantico celestial, con gran amor y con toda nuestra alma y espíritu: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace”. Lc 2,14.
El Equipo Sacerdotal, de esta nuestra Parroquia de San Luis Gonzaga, les desea una feliz Navidad y un año 2024 cargado de paz y prosperidad.