Sabiduria de abuelo
Sus canas y su piel hablan de sus noventa y un años, pero más todavía, de su sabiduría y prudencia.
Sus canas y su piel hablan de sus noventa y un años, pero más todavía, de su sabiduría y prudencia. Sentado junto a su esposa y cargando a Teo el perro de la hija, quien ladra para hacerse sentir y no pasar desapercibido porque el tamaño poco ayuda, se dejó fotografiar sin poner mucho obstáculo. Con los caprichos propios de su etapa, quien “siempre quiere tener la razón” como dice “la yoya”, porque él “no pierde ni una”, asegura ella, contó resumidamente algunas historias que bien pudieran atender todos los nietos de sus abuelos para conocer del pasado, del presente y del futuro, y valorarlos tal vez más, y sentir nostalgia y gratitud. Don Alfredo Valencia sufrió la violencia, experimentó los dolores que se sienten cuando se van o se mueren los hijos y supo querer y responder —como todo progenitor o persona de palabra--, por sus descendientes. Hoy cuenta con ocho hijos de diez, con veintiún nietos y seis bisnietos… hoy su apellido deja ver una identidad de hombre trabajador, de persona respetable y honrada, un campesino y arriero que se exponía al sol y a la lluvia y a tantas circunstancias con tal de asegurar el pan en su casa, alguien a quien jamás le quedó grande la obligación y quien siempre enseñó los valores que todo ser humano debe practicar para tener una vida duradera y ejemplar, como hoy da cuenta. Verlo rodeado de su familia —no lo niego—, me despierta los recuerdos de papá, quien partió demasiado ligero, dejándome en una soledad culpable por no haberle dado más abrazos y por no haberle expresado más te quiero´s; por las veces que viéndolo triste o preocupado, no me acerqué a alentarle el corazón o a decirle ¡papá, esto también pasará!; por los momentos en que no me puse en su lugar a causa de mi egocentrismo tal vez. En fin, volvamos a él, a don Alfredo, quien conversa pausado para evitar agotamientos en su pecho, con la claridad de un hombre concentrado en sus palabras y en sus emociones, de una persona que piensa antes de hablar, y con la memoria que conecta relatos consecuentes con profundos pasajes y enseñanzas.
Es cierto que hace rato se celebró el día del padre, pero bien puede traerse estos renglones al presente, para homenajear a un hombre que a su edad se siente muy querido por quienes le rodean, principalmente por su esposa Georgina que ha contribuido en todo para que la vida de su amado viejo, sea la que es hoy, pues bien reza el dicho que “detrás de un gran hombre, existe una gran mujer”, y aquí se corrobora tal proverbio.
El matrimonio de ellos ha sido de sabores y sinsabores, de aciertos y desaciertos, de mañanas frescas y plácidas y de atardeceres grises y noches oscuras —como toda pareja—, pero, como pocos, enseñan en este mes que se celebra la semana de la familia, algunas lecciones sencillas de un matrimonio normal, no perfecto; cuentan que el verdadero amor se hace visible en toda dificultad superada y que los sufrimientos aportan al crecimiento personal y familiar; también instruyen sobre la importancia de la comunicación, la cual hoy en muchas parejas se supeditó a los fantasiosos mensajes de un celular y a la poca reciprocidad que ha de existir en el amor, dejando como consecuencia el fracaso de muchos hogares con hijos mal heridos… enseñan que tirar la toalla en la primera discusión es de parejas inmaduras, y que nada se puede construir sin respeto y buena escucha entre los integrantes de un hogar.¡Gracias viejo por el cariño que te tengo, porque esto sale de mis adentros gracias a las bondades de tu corazón!
