UN BARBERO ESPECIAL
26 meses para Yonatan fueron de mucho aprendizaje, tanto que el tiempo se confundía como el día y la noche; Por fortuna, el oficio o arte de barbero contribuyo
Mientras hacía mi corte e intercambiábamos temas de conversación improvisados, pudo contarme parte de su experiencia en la cárcel, “en la celda, en el encierro o como se le llame”, ubicada en el mismo comando de policía de San Luis. Veintiséis meses para Yonatan fueron de mucho aprendizaje, tanto que el tiempo se confundía como el día y la noche; “los primeros cuatro meses lloraba y lloraba hasta que me adapté; un día era como una semana, algo eterno; y una semana, imagínese usted; eso sí, comía mucho, hasta repetía cuando se podía y por eso me engordé”; entre tanto, la vida le iba indicando que hay “paradas” como señal de semáforo, para reflexionar la vida misma y cuestionarse qué se quiere, hacia dónde se va, hacia dónde se marcha, incluso hasta para preguntarse sutilmente sobre el contenido de la injusticia, palabra que caló en su corazón desde el día de la retención y que hoy sin resentimientos se reconoce como “persona sin odios, que aprende de las experiencias y a identificar los amigos, porque realmente por mi madrecita doy fe que ella es mi mejor amiga y aconsejo a los parceros que le hagan caso a ella, que estudien, que las mamás siempre quieren lo mejor para sus hijos”.
Por fortuna, el oficio o arte de barbero, contribuyó, no solo para “el rebusque económico” en su encierro, sino para “entretener la vida allá y contribuir con el bienestar de los clientes, a los presos como a los policías los motilaba por igual, por cinco mil pesos el corte”.

La comida, la dormida, la intimidad y la soledad fueron situaciones que configuraban sus pensamientos con sus emociones y sus sentimientos, “todo era nuevo para mí, incómodo, distinto, yo soy muy reservado, algo tímido, callado, serio, no me veía compartiendo un mismo lugar con tanta gente ni comiendo comidas distintas de las que la cucha me daba con tanto amor, y me tocó aprender a ser más humilde con eso, a dormir con gente que yo no conocía y a adaptarme a un mundo que nunca imaginaba”; afirma además, que nunca perdió la fe ni la esperanza, aunque hubo varias ocasiones que “me ilusionaban con las audiencias de mi salida, y nada, entonces cuando de verdad me dieron libertad, ni me las creía”.
A sus 24 años, Yonatan Piedrahita López siente que recibió el regalo más valioso de navidad, “estar en libertad para esta época”, pues fue internado el 24 de octubre de 2020 y salió el 25 de noviembre de 2022; aspiraba descansar un mes “como para saber qué iba a hacer y pensar bien” pero ni los amigos, ni la familia, ni la vida misma se lo permitieron. El tiempo que valoró con creces en “la prisión”, le motivó a aprovechar cada instante de su vida, apenas acogiéndose al calor del hogar, sintió el amor de la gente que lo ayudó para “entablar la barbería como antes”, y gracias a la solidaridad familiar y social ya tiene su barbería en Castellón Real de San Luis Antioquia y la línea de atención al cliente es 316 9460938.
Hoy Yonatan, con mayor madurez, un joven educado y agradable para la conversación, no solo me compartió parte de su valiosa experiencia en la cárcel, o “en la celda para mayor verdad”, sino que me hizo el corte a mi gusto.
