¡MI RESPETO PA´ESTA SEÑORA!
es una ama de casa como cualquier otra, sólo que distribuye sus labores en el hogar entre el rol de esposa, madre y abuela, para alcanzar a descargar el camión semanalmente, quedándose hasta las dos o tres de la mañana
Podría pasar desapercibida, más aún, por su timidez y prudencia. Tiene la fuerza que muchas quisieran y la admiración que otras envidian. Sin haber querido dar mucha información para El Arriero, pero con la confianza en los lectores, contó que es una ama de casa como cualquier otra, sólo que distribuye sus labores en el hogar entre el rol de esposa, madre y abuela, para alcanzar a descargar el camión semanalmente, quedándose hasta las dos o tres de la mañana en un oficio que comparte con su esposo y su hijo.
“Este trabajo no es solo para hombres, es para mujeres que nada les queda grande”, afirma. Los cuarenta kilos que solivia Eunice García, no alteran su feminidad ni su figura dulce, y dice con orgullo que “trabajo para no tenerle que pedir nada a nadie, me compro mis cosas y listo”, además reconoce que buscando pasar desapercibida en el cargo de cotera (como le dicen a los que cargan y descargan camiones, a los que ayudan en una mudanza o trasteo), resulta siendo observada y admirada, y que mal harían en juzgarla por una labor que pocas hacen, porque muchas por cuidar las uñas, el pelo o la ropa, no se atreven ni a ensayarse.

Desde pequeña ha tenido el coraje para enfrentar la vida, nada le parece imposible, culminó su primaria con esfuerzo y hoy día se entrega a su familia con todo su empeño; no tiene amigas que la sigan en su labor (yo tampoco la imitaría), pero reconoce las bondades de las buenas amistades, y quien diga entre mujeres que el trabajo se acabó, no más pida ruta de cotera que ahí se le tiene. Entre tanto, Eunice sigue un oficio que empezó hace cuatro años y que no aspira interrumpir por ahora, porque “el trabajo es salud”, esa salud que deja ver, su figura y su persona.
