EL RESPETO A LA VIDA ES CUESTION DE HUMANIDAD
Vivimos en la actualidad, álgidos momentos de discusión frente al valor de la vida humana; nos vemos cuestionados a diario por los medios de comunicación que nos arrojan diversidad de opiniones acerca de la libertad de decisión de cada uno frente a diversas situaciones que ponen en riesgo nuestra existencia y que también ponen en duda aspectos fundamentales de la bioética
Vivimos en la actualidad, álgidos momentos de discusión frente al valor de la vida humana; nos vemos cuestionados a diario por los medios de comunicación que nos arrojan diversidad de opiniones acerca de la libertad de decisión de cada uno frente a diversas situaciones que ponen en riesgo nuestra existencia y que también ponen en duda aspectos fundamentales de la bioética y la antropología, y se obvian por conveniencia principios fundamentales de la moral y la razón; que nos diferencian de las demás criaturas por el alto grado de dignidad que poseemos en medio de la creación.
Se nos ha vuelto normal aquello que no lo es, simplemente por mal entender la afamada “libertad de expresión” que, por su mal uso; pervierte las conciencias y termina destruyéndonos entre nosotros mismos. Hemos puesto como “normal” aquello que no los es y hemos terminado llamando bueno a lo malo; todo esto porque el espíritu de la mentira ha sabido camuflarse y bajo la excusa del avance, la técnica y la libertad hemos avanzado en ciencia y tecnología, pero hemos disminuido en humanidad.
Está bien que respetamos la manera de pensar que nos diferencia a unos de otros y eso en general es bueno, siempre y cuando sepamos también escuchar los argumentos de los demás y aprendamos a tolerar las diferencias permitiendo así discernir que está bien y que no lo está.
Se nos ha vuelto muy normal, que la vida humana sea un articulo que se usa y se bota, hemos descartado la sacralidad de la creación, hemos puesto a un lado nuestra dignidad de creaturas y ya no nos importan nuestras categorías de raciocinio, conciencia, humanidad… que nos diferencian de las demás creaturas que componemos este planeta.
Hoy la vida de un animal, vale mas que la vida humana, y no es que ellos no merezcan respeto o su vida sea una nada, pero sin lugar a dudas nunca la vida de un animal debe estar por encima en la escala de valores que la de los seres humanos, es increíble como hemos llegado a tolerar decirnos “madre” o “padre” de un animal y destruir la vida humana en el vientre materno, ¿acaso tiene lógica? ¿Entonces preferimos darle todo nuestro amor y cuidado a un animal, pero no nos importan los actos que destruyen la vida humana, y eso tenemos que verlo como “normal”?
Protestamos en las calles por el acelerado incremento de la deforestación que destruyen los páramos, las fuentes hídricas, y el hábitat de tantas especies de animales y plantas, logramos frenar el acelerado incremento de la minería que destruye los ríos y debilita la tierra, y eso esta maravilloso; pero a la vez es muy curioso que también salimos a pedir la legalización del aborto, los mismos que pedimos cuidar la naturaleza y sus seres vivos, salimos luego con pancartas y leyes pidiendo que se asesine una criatura inocente en el vientre de una madre bajo la consigna: “mi cuerpo, mi decisión” y lo más cruel de todo es que nos parece muy “normal”.
Qué curioso es también, cuando pagamos clínicas y hospitales, hasta psicólogos y recreacionistas para los animales, y gastamos millones en medicinas para nuestra mascota enferma, y entramos en crisis existencial porque está muriendo; pero cuando de seres humanos se trata, pedimos la eutanasia, bajo la consigna: “muerte digna”; y ¿quién dijo que la naturaleza de la muerte es indigna?, es el proceso natural de la vida por el que todos tenemos que pasar, pero ahora huimos del dolor, ya no nos parece el sufrir, y se va a volver normal que el que no quiera vivir porque esta “cansado” o se “cansaron” con él, se le aplique eutanasia y fin de su existir, olvidando por completo el estatuto de “persona humana” única, irrepetible e inviolable, el valor ontológico del enfermo terminal.
El antropólogo Ramón Lucas Lucas, habla de la unidad psico-biológica de la persona humana (cuerpo y alma) hace que la muerte sea para el hombre una realidad del todo especial y propia. Se busca, por tanto, evitar dos reduccionismos: el biológico, que hace consistir la muerte en un conjunto de procesos y eventos físico-biológicos (diagnóstico médico de “muerte cerebral”), y el espiritualístico, que insistiendo en la espiritualidad del hombre olvida su realidad de ser encarnado.
Este articulo quiere generar la reflexión e invitar a mover las conciencias, no podemos continuar aceptando que sea normal aquello que de base sabemos que no lo es, hemos de recuperar el carácter dignificador de la vida humana, hemos salido de las manos del Creador con una perfección por encima de las demás creaturas que nos distingue y nos permite como dice el libro del Genesis, someter la tierra y fecundarla.
La antropología y la bioética, son dos ciencias de la humanidad que han ayudado mucho a entender cómo evitar caer en muchos excesos y en las cuales podemos encontrar respuesta a muchos interrogantes.
Recuperemos nuestra humanidad, de seguro si respetamos nuestra vida con todo su peso antropológico, podremos valorar también muchísimo las demás creaturas.
